Uno de los grandes directores de la historia del cine, Andrei Tarkovsky(1932-1986), no sólo capturó bellas imágenes y secuencias en sus filmes (Solaris, 1972; The Mirror, 1975; Stalker, 1979; Nostalghia, 1983; The Sacrifice, 1986) sino que también fue un gran aficionado a la fotografía. Acompañado de su cámara Polaroid, Tarkovsky plasmó –de manera estática– su modo de ver el mundo. En 2006, la editorial Thames & Hudson Ltd publicó el libro Instant Light: Tarkovsky Polaroids, que incluía alrededor de 60 fotografías que el cineasta tomó en Rusia e Italia entre 1979 y 1984.
Respecto a la labor de Tarkovsky
como fotógrafo, el novelista y guionista italiano, Tonino
Guerra –que
colaboró con directores como Federico Fellini, Michelangelo Antonioni y el
propio Tarkovsky–, escribió lo siguiente:
En 1977, durante la ceremonia de mi
boda en Moscú apareció Tarkovsky con una cámara Polaroid. Había descubierto
recientemente este aparato y estuvo usándolo con regocijo entre nosotros. Él y
Antonioni fueron mis testigos de boda. Según la costumbre de aquella época eran
ellos quienes tenían que elegir la música que sonaría en el momento de firmar
los documentos de matrimonio. Escogieron El Danubio azul [de Johann Strauss].
Por entonces Antonioni también solía
usar una Polaroid. Recuerdo que en el curso de una localización de exteriores
en Uzbekistán donde queríamos rodar un filme —que finalmente no hicimos— regaló
a tres ancianos musulmanes las fotos que les había tomado. El más viejo, nada
más al verlas, se las devolvió con estas palabras: "¿Qué hay de bueno en
parar el tiempo?". Este rechazo desacostumbrado nos sorprendió tanto que
no supimos que contestarle.
Tarkovsky pensó mucho sobre el
"vuelo" del tiempo, y quería conseguir una sola cosa: pararlo, aunque
solo fuera por un instante, en las imágenes de la Polaroid.
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